La Campana de Hubbert

La Campana de Hubbert
¿ En qué punto estamos ?

Ésta es la cruda realidad:

Cénit de producción del uranio, en el año 1981.

Cénit de producción del petróleo convencional, en el año 2005, año cero de la Era Hacia el Colapso.

Cénit de producción de gas natural, estimado para 2020.

Cénit de producción de carbón, estimado para 2025.

Luego volveremos a la Edad Media, pero esta vez con 7. 000 millones de habitantes sobre la Tierra.

Ésta es la realidad, el resto pajas mentales tierraplanistas.












Curva energética de la Historia.
La realidad no entiende de corrección política, mayorías, cuotas, ni opiniones consensuadas. La realidad, es.

Hacia el colapso

sábado, 5 de abril de 2014

En el año 9 de la Era Hacia el Colapso....El Colapso , razonado científicamente .

Para que luego nos sigan llamando frikys , catastrofistas y demás chorradas a los pikoneros , traemos a Haciaelcolapso , este magnífico artículo : ciencia pura :





¿Por qué el pico del petróleo indica el fin del mundo o al menos del que conocemos?


PetróleoPor Joel Guglietta
Mientras los mercados financieros globales siguen levitando en algún lugar entre la estratosfera y el Reino de Asgard, a 60°24′31″ Norte y 172°43′12″ Oeste, en mitad de la nada, una isla remota de 137,857 millas cuadradas esconde la clave de los tres grandes escenarios y riesgos económicos:
1. En noviembre de 2013, Lawrence Summers planteó la cuestión de si el “estancamiento secular” y la imposibilidad que tanto EE.UU. como otras grandes economías muestran a la hora de crecer sin ayuda de burbujas periódicas estaban condenados a convertirse en la “norma”.
2. En marzo de 2014, el Conference Board ha publicado un estudio (imagen 1) que recoge la tendencia a la baja en la productividad global de los factores, a saber, en la cuota de producción no explicada por la “acumulación de factores” (más abajo encontrará más sobre toda esta jerga económica).
3. Una vez más, en marzo de 2014, la NASA ha publicado un documento de investigación que da respuesta a “la creciente preocupación que plantea la sostenibilidad de la actual tendencia en el uso de recursos, si bien aún suscita controversia un posible exceso de capacidad o un desplome”. Sobre la base de un conocido modelo presa-depredador al que se suma la “desigualdad económica y de recursos”, este estudio nos viene a decir que el colapso total es “muy difícil de evitar” (imagen 2).

Fuente: The Conference Board, enero de 2014

Fuente: NASA, 2014
1. – Los motivos por los que debemos temer más a los renos de San Mateo que a los lobos de Wall Street
Durante la Segunda Guerra Mundial, la Guardia Costera estadounidense optó por situar ayudas de largo alcance para la navegación en la Isla de San Mateo, un remoto lugar en el Mar de Bering en Alaska, y por almacenar allí una fuente de alimentos de emergencia. En agosto de ese mismo año, soltaron en la isla 29 renos (que en Norteamérica se conocen como caribúes) como fuente de alimentación de reserva para los 19 hombres allí destinados. Al llegar a su fin la Segunda Guerra Mundial, la Guardia Costera abandonó la isla, y, como consecuencia, la población de renos aumentó descontroladamente ya que sus únicos depredadores, los 19 hombres allí destinados, volvieron a sus casas. A todo ello siguió un drástico auge y una explosión de las dinámicas de población (imagen 1). Desde 1944 hasta 1966, el número de estos herbívoros, que ya no tuvieron que preocuparse nunca más por los depredadores y devoraron todos los líquenes que iban encontrando en su camino, pasó de 29 a 6.000. En 1957, el peso corporal de estos animales superaba el del reno que vivía en rebaños controlados en un 24,5 por ciento en el caso de las hembras y en un 46,6 por ciento en el caso de los machos. Llegado el invierno siguiente, la fuente de alimentos resultó ser escasa para cubrir las necesidades del enorme número de animales y de su gran peso corporal con lo que murieron masivamente y la población pasó de 6.000 a 42 (imagen 3).
Esta historia nos deja muchos temas sobre los que reflexionar. En primer lugar, tal y como el estudio de la NASA sugiere, cuando una especie (a modo de ejemplo, el 1 por ciento de la franja superior que vive en las Galápagos, otra isla, tal y comenté en un artículo publicado el pasado año y titulado “Why Kings of Galapagos are long equity under (mild) Mugabenomics?”) se beneficia en detrimento de otra (los líquenes o el 99% que está por debajo) a menudo ocurren cosas malas.

Fuente: The Conference Board, TED, enero de 2014

Fuente: Manicore
En segundo lugar, y desde una perspectiva más general, la lección que podemos sacar de esta historia es algo tan sencillo como que los recursos lo son todo, y cuando desaparecen, el paso de una fase a la siguiente, es decir, la transición de un crecimiento y un entusiasmo sin freno a una completa destrucción, en la mayoría de los casos resulta letal. Esta constatación es si cabe más cierta para el recurso clave, es decir el petróleo, lo que nos lleva al segundo capítulo de nuestra historia.
2. – El pico del petróleo: ¿la teoría de la conspiración o una obviedad matemática imperativa?
Gran parte de los debates sobre el petróleo versan sobre el tema de las “reservas”. Voy a exponer a continuación los argumentos, clave pero obvios, que conviene tener en mente, y es que las reservas están destinadas a un solo y único fin: la producción de petróleo... ¡Vaya! ¡Menuda novedad! Que pase el siguiente... Entiéndanme y discúlpenme… Hasta que alguien demuestre que no estoy en lo cierto, parto de la base de que la densidad del planeta es limitada. Ahora bien, para una acción concreta de un recurso no renovable, a todas las funciones de producción es aplicable la misma ley: arrancan de cero, crecen hasta un máximo y bajan hasta cero en “forma de campana” (imagen 4). El área que se sitúa bajo la curva se denomina integral de la función de producción y equivale exactamente a las reservas. Dado que las reservas de petróleo son limitadas, la integral es necesariamente convergente y, teniendo en cuenta que no son renovables, la función de producción (la derivada de la función de la reserva de petróleo) solo puede tener forma acampanada. Puede estirarla, puede contraerla al máximo pero la forma general es una y ninguna otra. Es una certeza matemática como que 2+2=4. El pico en la producción de petróleo es una obviedad matemática imperativa y no “la teoría de la conspiración”.
Ni que decir tiene que la cuestión clave es: el pico del petróleo, ¿ha llegado?
Pues bien… aún corriendo el riesgo de decir una obviedad tras otra, parto de la base de que todos estaremos de acuerdo en que una labor sin duda necesaria antes de extraer petróleo de un yacimiento es encontrarlo. Esta afirmación conlleva profundas consecuencias ya que todo ello nos confirma que un máximo es perceptivo a la vista del potencial de los recursos del petróleo hallado. También nos dice que cuanto más elevadas y grandes sean las reservas probadas respecto de la producción, más cerca estaremos del pico de la producción de petróleo (no olvidemos que la integral es el área que se sitúa bajo la curva de producción). Si tomamos como ejemplo Estados Unidos, tal y como demostró King Hubbert, existe un desfase de 35 años entre descubrimiento y producción (imagen 5). Si las evidencias demuestran que el pico de Hubert era algo impreciso en cuanto al tiempo, las posibles curvas de producción, partiendo de las reservas últimas a escala mundial, es decir del petróleo total extraíble, apuntan a que hemos tocado techo.
Petróleo
Fuente: Laherrere, 2003

Fuente: Manicore
Se trata de una vieja historia y, como el mundo sigue girando, podríamos pasar por alto todo este análisis. No obstante, la novedad radica en que las condiciones empresariales se están haciendo más complejas para las grandes compañías petroleras, tal y como muestra la imagen 7. De hecho, desde 2009, los gastos de capital de Exxon Mobil, Royal Dutch Shell y Chevron se han incrementado en un 39-89 por ciento mientras que su producción se ha estancado. He aquí la prueba, en base al balance, de que estamos asistiendo al pico del petróleo.

Fuente: Wall Street Journal
Y a continuación, el último punto sobre el cénit del petróleo, que es clave para entender el tercer y último capítulo de nuestra historia. Conviene que tengamos en cuenta que cuando escuchamos que seguimos teniendo petróleo para 20 o 30 años no significa que vayamos a gozar de la “buena vida” durante las próximas 2 ó 3 décadas con un consumo constante y que de repente, al año siguiente, vayamos a caer en picado a un consumo cero en una extinción repentina como la que vivieron los renos de nuestra historia. En realidad, el consumo va a seguir una función de producción de campana, será una muerte lenta, y, entretanto, tal y como ya ocurre con las grandes compañías petroleras, el incremento masivo en gastos de capital pasará factura sobre el rendimiento energético marginal de la energía. De hecho, con arreglo a Kopits, el gasto total de la industria proveedora desde 2005 se ha situado en los 4 billones de dólares (unos 2,5 billones de dólares invertidos en yacimientos que llevan produciendo más de un mes) y, la producción de este tipo de yacimientos se ha reducido aproximadamente en 1 millón de barriles desde 2005. En comparación, entre 1998 y 2005, el sector gastó 1,5 billones de dólares en desarrollo de recursos y sumó 8,6 millones de barriles a la producción total de crudo total. El menor rendimiento energético en la producción de energía, que no es más que el subproducto de reservas de petróleo decrecientes o agotadas y el hecho de que estemos siendo testigos del cénit del petróleo empujan al conjunto de la economía a la baja.
De hecho, si bien vivimos en la era de la “tecnología de la información” merece la pena recordar que la sociedad de la información es un ogro energético (por no mencionar el mantra de la globalización que otorga un papel central al sector del transporte que consume dos tercios del petróleo total). A modo de ejemplo, con arreglo a Eric Williams, ingeniero de ASU, al fabricar un ordenador portátil se transmiten entre 227 y 270 kilogramos (o entre 500 y 594 libras) de dióxido de carbono. Mark Mills, CEO de Digital Power Group, afirma que un frigorífico mediano utiliza aproximadamente 322 kW-h en un año mientras que de media, el iPhone usa unos 361 kW-h al año si tenemos en cuenta las conexiones inalámbricas, el uso de datos y la carga de baterías.
3. – Hay algo profundamente equivocado en la teoría macroeconómica
Así pues, veamos qué relación guarda todo lo anterior con el escenario de “estancamiento secular” y el desplome generalizado en la productividad global de los factores. Y es aquí donde la cuestión se pone algo más técnica y donde (por fin) la historia llega a su final.
La mayoría de los economistas son muy partidarios de ecuaciones más o menos complejas diseñadas para explicar cualquier cosa con un enorme estilo. En el tema que nos ocupa, con vistas a explicar el origen del crecimiento económico, recurren a la denominada función de producción de Cobb-Douglas que afirma que el PIB (Y) es una función que recoge tecnología (A), capital (K) y trabajo (L). De una forma más precisa, la ecuación del Santo Grial adopta la siguiente forma: Y = A * Ka * Lb, siendo “a” y “b” la elasticidad de producción respecto del capital y del trabajo. A modo de ejemplo, la productividad total de los factores se deriva de esta ecuación.
Ahora bien, puesto que el objetivo de la ecuación es explicar el origen del crecimiento económico, vamos a ponernos en el pellejo de los hombres de Neanderthal. Si nos estamos planteando lanzarnos a la aventura para traer algo de carne a la tribu, conviene echar un vistazo a nuestro alrededor. Es cierto que vemos brazos y piernas fuertes, pero en cambio encontramos pocos cerebros que funcionen bien. En otras palabras, tenemos “mano de obra”. ¿Encontramos “capital”? Ni en cantidad, ni de calidad. Y sin embargo, con el paso del tiempo, nuestras especies van evolucionando. En un primer momento, encontramos la energía del fuego y en última instancia, descubrimos la energía fósil y aprendemos a usarla. El “capital” aparece mucho más tarde gracias a la acumulación de mano de obra (ya sea “inspiración”, es decir, conocimiento, o “transpiración”, es decir, trabajo duro) y al uso de la energía que nos rodea.
La cuestión es muy sencilla: la ecuación central que explica el crecimiento económico está completamente equivocada y vamos a tener que transformarla para que el capital sea un enlace de retroalimentación interna para el sistema, como se indica en el Informe del Club de Roma (2003) o sugiere Jean-Marc Jancovici. ¿Cómo se hace esto?
Para ver las cosas más claras, vamos a asumir que los retornos a escala son constantes (si multiplico los recursos por 2, mis resultados se incrementarán en 2, un punto de partida que parece razonable) de modo que tenemos b = 1-a, y por tanto, Y = A * Ka * L1-a. Ahora vamos a hacer que la K mayúscula dependa de la energía (E) y trabajo (L) (o mano de obra acumulada, (integral de L), de manera que K = c * E * L (con una “c” constante, y mano de obra sencilla que no cambia las propiedades cualitativas del modelo). Nuestra ecuación pasa a ser: Y = A * ba * Ea * L.
Si añadimos a esta nueva ecuación unos datos de partida razonables sobre la dinámica de la mano de obra (yo parto de la base de una función logística de la dinámica de la población con una caída brusca seguida de una subida asintótica) y los conocimientos que hemos adquirido sobre la forma de la función de la producción de petróleo y por consiguiente, la forma en que evoluciona la disponibilidad de las reservas, podemos construir un modelo a escala y estimular fácilmente el camino de la economía (imagen 8) en un ordenador que depende del petróleo (energía). Este modelo a escala indica claramente lo sensible que puede ser una economía a los cambios bajistas en la producción de petróleo durante y después de un pico en el mismo.
No me malinterpreten. No es que crea que la Edad de Piedra se acabó porque se acabaran las piedras. Lo que quiero decir es estamos que justo en medio de una transición energética, que esta transición tiene ahora mismo unos efectos negativos mucho más profundos de lo que muchos piensan y que llega el fin del mundo como lo conocíamos; un mundo que se va a convertir en “otra cosa”. La esperanza está en que los modelos económicos erróneos, la falta de voluntad de los políticos de gestionar esta transición energética o la locura ideológica de los Talibán del “todo verde” que perciben la energía nuclear como “el demonio”, no nos van a llevar a un destino trágico como el de la manada de renos de la Isla de San Mateo y otras desgraciadas subidas desbocadas (imagen 9). De hecho, la investigación de la NASA sugiere que una fuerte desigualdad de recursos es suficiente para provocar un colapso total. Si a esto le añadimos la desigualdad en el acceso a la energía, el agua y los alimentos (la agricultura también depende del petróleo), nos espera un futuro como el de Mad Max. ¿Ante esta coyuntura, cabe esperar un aumento de la inversión global en energías renovables que nos permita ser optimistas? Por desgracia, no. La inversión global en energías renovables cayó un 11 por ciento en 2013, hasta los 254.000 millones de dólares, según Bloomberg New energy Finance. Es la segunda caída en la inversión en renovables desde 2001. Así que, la muerte de toda la manada de rollizos caribúes sigue siendo por desgracia uno de los escenarios.

Fuente: Joel Guglietta
Por Joel Guglietta es Director Ejecutivo de OCTIS Asset Management en Singapur







/*publicidad*/